– AE!..AE!..AE!.. LA CHAMBELONA!: El Canto Popular Cubano mas repetido de Todos los Tiempos. PHOTOS. * AE!..AE!..AE!..LA CHAMBELONA! : The Most Repeated Cuban Popular Song of All Time. PHOTOS.

AE!..AE!..AE!..LA CHAMBELONA!: EL CANTO POPULAR CUBANO MAS REPETIDO DE TODOS LOS TIEMPOS. PHOTOS.

En Cuba los años han pasado desde los primeros cantos originados en nuestra isla, pero aun cuando han cambiado, el popular estribillo de La Chambelona sigue siendo.. La Chambelona.

Es aquí, quizás, el canto popular más repetido de todos los tiempos y se le conoce desde que los liberales cubanos la introdujeron en su campaña política de 1916. La cantaron entonces con pareados agresivos y aun insultantes para el presidente García Menocal, y poco después, en febrero del año siguiente, daba nombre a una guerra civil: la llamada “revolución de La Chambelona”, cuando los liberales, capitaneados por José Miguel Gómez, se dispusieron a conquistar por las armas el poder que los conservadores le arrebataron en las elecciones.

Si entonces La Chambelona fue un himno liberal, con el tiempo a todo político rapaz y demagogo se le llamó chambelonero, con independencia del partido al que perteneciera.

LA TONADILLA

A juzgar por lo que, en mayo de 1930, escribió el memorialista Ramón A. Catalá en su columna ‘Del lejano ayer’, que aparecía en el Diario de la Marina, el estribillo se conocía ya en los años finales del siglo de 1800. Fue en esa época en que el periodista Felipe López Briñas improvisó para el diario habanero ‘La Lucha’ una redondilla que alude a dos gobernadores españoles e ilustra sobre la situación económica del país: Desde que se fue Chinchilla / y ha venido Polavieja / yo no como mantequilla / ni tampoco ropa vieja / ¡Aé, aé, aé la chambelona

Con respecto a esta cuarteta, Ortiz puntualiza que no se sabe cuál fue su música, “pero el estribillo fue tomado de una canción entonces de moda, que el periodista aprovechó en su satírica copla”.

La Chambelona aparecerá como canto político en 1908, asegura Fernando Ortiz. Y lo reafirma Juan Manuel García Espinosa en un artículo que publica la revista ‘Signos’, de Santa Clara, correspondiente a julio-diciembre de 2005. Afirma García Espinosa: “La Chambelona se canta en Camajuaní por primera vez en octubre primero de 1908, al tomar oficialmente posesión de la alcaldía el médico Pedro Sánchez del Portal”. Dice además: “(…) se popularizó después en el terreno de la política, entre los liberales villareños, cuando (…) salió a la luz la misma melodía con una letra titulada La Chambelona, transformación de la original en texto y título, cuya paternidad se disputaban varias personas”. Según García Espinosa, el título original era el de La Chamberona por el sobrenombre que recibía, como veremos después, cierta prostituta de la zona.

Decía en su letra aquella melodía de 1908:
Pedro Sánchez del Portal / Un alcalde sin igual / Elegido en su persona. / ¡Aé, aé, aé la chambelona! / Todo liberal ya grita: Yo no tengo la culpita / Ni tampoco la culpona. / ¡Aé, aé, aé, la chambelona.

Expresa, en ‘Signos’, el articulista: “Luego esta letra fue transformada, y se utilizaron diversos textos con el mismo verso final del estribillo. La Chambelona (…) –corrupción de Chamberona- como ocurre con muchas creaciones de entraña eminentemente popular, su verdadero autor se pierde en el anonimato de los tiempos. ¿Sería obra del Homero tropical que le sirvió de popularizador?”. Veremos:



EL CIEGO MATEO.

Porque por las zonas de Caibarién y Remedios, y también por Yaguajay, se movía un ciego oriundo de Chambas llamado Mateo. Se apoyaba en su bastón, un perro le servía de lazarillo y con una guitarra acompañaba sus canciones. Había sido barbero, pero al perder la visión a consecuencia de una enfermedad venérea, se dio en “inmortalizar” en sus versos a la prostituta que lo “premió”.

Le llamaban, como ya se dijo, La Chamberona:
Una bella margarita, / Lisonjera y retozona / Con amor me dio una cita. / ¡Merecería una corona! ¡Aé, aé, aé La Chamberona. /Yo no tengo la culpita / Que la dulce picarona / Un día de Santa Rita / Me enredara en la encerrona. / ¡Aé, aé, aé La Chamberona! /Guardaraya muy solita / Se llevó a la muy bribona / Con mi corazón -¡maldita!- / Sin dejarme luz… ¡Ladrona! / ¡Aé, aé, aé La Chamberona!

Cano Vázquez no menciona a La Chamberona, sino a La Tambelona, una llamativa mulata camagüeyana que traía locos a los hombres de Camajuaní y a la que los trovadores locales, con bandurrias, claves y maracas, cantaban endechas eróticas.

Pero sea esta la verdad o la del ciego Mateo, lo que está fuera de toda duda es que el músico Rigoberto Leyva Matarana (1886-1979) oriundo de Camajuaní y liberal entusiasta, tomó, en 1916, la melodía anónima, le agregó notas de su inspiración, le adaptó versos sectarios y le dio el título por el que se le conoce. La inscribiría a su nombre. Creaba así una conga cuyo arraigo estuvo muy lejos de imaginar.

Por aquellos días, el presidente José Miguel Gómez era visita frecuente en Camajuaní, donde vivía su yerno, el coronel Espinosa. En ocasión de una de esas visitas, Leyva y otros músicos interpretaron La Chambelona en su presencia y el ex presidente se entusiasmó. ​A partir de ahí La Chambelona prendió en la nación como una llama en un polvorín.

CANTO POPULAR.

Pero ¡ojo! Aquel himno liberal, adaptando sus versos, lo cantaron también los afiliados al partido contrario.

Lo dice García Espinosa en su artículo publicado en ‘Signos’ en las elecciones de l916 por el gobierno de Las Villas, cantaban los conservadores: Carrillo se sentará/ En la provincial poltrona./¡Aé, aé, aé, la chambelona!

Y ripostaban los liberales:
Yo no tengo la culpita / Ni tampoco la culpona: / Pedro Sánchez del Portal / Ocupará la poltrona. ¡Aé, aé, aé la chambelona!

Ai como en otro conflicto olitico cantado durante el gobierno de Gerardo Machado en que los habaneros cantaban con sorna un estribillo que decia: Aspiazu me dio botella / y yo voté por Varona / Ae, Ae, Ae la chambelona!.

Nada de esto saben ni les importa a los estudiantes que adaptan hoy los versos de La Chambelona a su realidad y se alegran y bailan al ritmo de esa conga. Al hacerlo reivindican un canto popular metido como otros muchos en el imaginario colectivo del país.

AE!..AE!..AE!..LA CHAMBELONA! : THE MOST REPEATED CUBAN POPULAR SONG OF ALL TIME. PHOTOS.

In Cuba, the years have passed since the first songs originated on our island, but even though they have changed, the popular chorus of La Chambelona is still La Chambelona.

It is here, perhaps, the most repeated popular song of all time and it has been known since the Cuban liberals introduced it in their political campaign of 1916. They sang it then with aggressive and even insulting couplets for President García Menocal, and shortly after, in February of the following year, it gave its name to a civil war: the so-called “La Chambelona revolution”, when the liberals, led by José Miguel Gómez, prepared to conquer by arms the power that the conservatives snatched from them in the elections.

If La Chambelona was a liberal hymn then, over time every rapacious and demagogic politician was called a chambelonero, regardless of the party to which he belonged.

THE TONADILLA

Judging by what the memorialist Ramón A. Catalá wrote in May 1930 in his column ‘Del lejano ayer’, which appeared in the Diario de la Marina, the refrain was already known in the final years of the 1800s. It was at that time that the journalist Felipe López Briñas improvised for the Havana newspaper ‘La Lucha’ a redondilla that alludes to two Spanish governors and illustrates the economic situation of the country: Since Chinchilla left / and Polavieja came / I don’t eat butter / nor old clothes / Aé, aé, aé la chambelona

(READ MORE IN THE SPANISH SECTION ABOVE)

Agencies/ Ciro Bianchi/ Wiki/ Extractos/ Excerpts/ Internet Photos/ YouTube/ Arnoldo Varona/ www.TheCubanHistory.com
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– LA HABANA que ERNEST HEMINGWAY Vivió, su Vida en La Cuba que Amó. PHOTOS. * THE HAVANA that ERNEST HEMINGWAY Lived, his Life in the Cuba that He Loved. PHOTOS.

LA HABANA QUE ERNEST HEMINGWAY VIVIO, SU VIDA EN LA CUBA QUE AMO. PHOTOS.

“Amo este país y me siento como en casa; y allí donde un hombre se siente como en casa, aparte del lugar donde nació, ese es el sitio al que estaba destinado”, decía el autor de El viejo y el mar en alusión a Cuba.

Ernest M. Hemingway fue un novelista, cuentista y periodista estadounidense, conocido por su estilo sobrio y económico que influyó en los escritores posteriores del siglo XX, ha sido romantizado por su estilo de vida aventurero y su imagen pública franca y contundente. Algunas de sus siete novelas, seis colecciones de cuentos y dos obras de no ficción se han convertido en clásicos de la literatura estadounidense, y recibió el Premio Nobel de Literatura en 1954.

Ernest Hemingway vivió en su casa habanera en los últimos 22 años de su vida. Cuando se instaló en Finca Vigía –a unos 30 minutos del centro de La Habana- estaba a punto de concluir Por quién doblan las campanas. Al abandonarla para siempre, había recorrido ya como escritor el camino de la fama y merecido el Premio Nobel. En la finca quedaron entonces su Royal portátil, las tumbas de sus perros, unos 50 gatos y los nueve mil volúmenes que atesoró a lo largo de su vida y que muchos años después harían exclamar a García Márquez: “¡Qué biblioteca más rara tenía este hombre!”


LLEGA A CUBA

Hemingway llegó a Cuba en la primera quincena de abril de 1928. Junto a Pauline Pfeiffer, su segunda esposa, hizo aquí el tránsito para Cayo Hueso, donde concluiría Adiós a las armas. Volvió en 1932 para pescar agujas en las aguas cubanas. Regresó en 1933 y escribió la primera de sus crónicas de tema cubano. A partir de entonces no se desvincularía jamás de esta “isla larga, hermosa y desdichada”, como llamó a Cuba en Las verdes colinas de África. El viejo y el mar (1952) es, por excelencia, la novela “cubana” de Hemingway. Parte de la trama de Islas en el golfo (1970) transcurre en Cuba. También en alguno que otro cuento y en muchísimos de sus artículos periodísticos hay alusiones a la Isla. El escenario de Tener y no tener (1937) es cubano en buena medida.

En una ocasión expresó con relación a Cuba: “Amo este país y me siento como en casa; y allí donde un hombre se siente como en casa, aparte del lugar donde nació, ese es el sitio al que estaba destinado”.

Su primer refugio habanero fue en el hotel Ambos Mundos, en la calle Obispo. La habitación 511 de esa instalación, en la que se alojó invariablemente, se conserva intacta. A las cinco de la tarde, después de un día de pesquería, Hemingway se encerraba en su pieza del hotel, pedía la comida y se ponía a escribir. Lo hacía en la cama, a mano, y luego mecanografiaba el manuscrito sin introducir apenas correcciones. En 1958, en su célebre entrevista con George Plimpton, recordaría: “El Ambos Mundos, en La Habana, fue un buen lugar para trabajar”.

A veces en bermudas, con zapatillas vascas, casi siempre sin calcetines y con una camisa ligera, se le veía caminar por la calle Obispo. Evocaría los olores característicos de esa vía en Islas en el golfo…

El escritor se sentía a gusto en el Ambos Mundos, por lo céntrico de la zona y la cercanía con el puerto, donde fondeaba su yate Pilar. Pero a Martha Gelhorn, su tercera esposa, comenzaron a incomodarle la habitación anónima y despersonalizada y la falta de privacidad ante la visita de los amigos del marido. Fue ella la que buscó y encontró Finca Vigía. A Hemingway, al inicio, le desagradó el lugar: quedaba demasiado lejos del Floridita.

TRAGO DE AGUAS SOMERAS

Una buena parte de Islas en el golfo transcurre en ese bar habanero. En esas páginas de la novela, el lector ve deambular a un personaje a quien el escritor llama Liliana la honesta. En la vida real se llamó Leopoldina, una prostituta cubana que “hacía la vida” en el Floridita y que fue el gran amor cubano del novelista. El Floridita es la cuna del daiquiri, y allí Hemingway inventó un daiquiri especial que lleva su nombre.

La Terraza, restaurante marinero del pueblo de pescadores de Cojímar, fue, en La Habana, otro de los sitios preferidos de Hemingway. En el Floridita se reverencia el sitio donde el escritor solía sentarse –la primera butaca de la izquierda de la barra- y en La Terraza, su mesa de siempre, en la esquina izquierda, junto a la ventana.

“Es muy agradable estar aquí”, dice el protagonista de Islas en el golfo en alusión a La Terraza. Y en la misma novela se describe al daiquiri con su sabor y color exactos. “Trago de aguas someras”, lo definía Hemingway.

“UNO VIVE EN ESTA ISLA MEJOR” DIJO HEMINGWAY

En 1949, explicó en una crónica las razones de su larga residencia cubana. Habló, por supuesto, de la Corriente del Golfo, “donde hay la mejor y más abundante pesca que he visto en mi vida”; de las 18 clases de mango que se cosechaban en su propiedad, de su cría de gallos de pelea…y apuntó como al descuido: “Uno vive en esta Isla (…) porque en el fresco de la mañana se trabaja mejor y con mayor comodidad que en cualquier otro sitio.”

Escribía de pie, ya en los últimos años, sobre una piel de lesser kudú, porque así “pensaba con más claridad”. Se levantaba temprano y solo abandonaba su labor cuando llegaba a un punto en que sabía con exactitud lo que sucedería después. Lograr, durante una jornada, unas 500 palabras “limpias” era para él satisfactorio, y jamás acometía directamente a máquina los pasajes más difíciles, pero sí los diálogos.

Finca Vigía fue, dice García Márquez, la única casa verdaderamente estable que el escritor tuvo en su vida. Mary Welsh, su cuarta y última esposa, puso, hasta donde pudo, orden en la finca y en la existencia del novelista. Como éste se quejaba de cuánto lo importunaban los visitantes, Mary dispuso la construcción de la torre de tres pisos aledaña a la casa. La última planta sería el cuarto de trabajo de Hemingway. Subió un día y permaneció allí durante quince minutos, durante los cuales se empeñó, en vano, en redactar una frase. Bajó y nunca más volvió a utilizar el sitio para escribir. Comentó que no podía resistir la soledad.

HARAKIRI CON FUSIL

“Miren como voy a matarme”, decía a sus amigos en Finca Vigía. Colocaba la culata de su escopeta Mannlicher Schoenauer 265 en el piso y apoyaba el cañón en el cielo de la boca. Luego oprimía el gatillo con el pulgar de un pie. Se oía un chasquido seco. Exclamaba sonriente: “Esta es la técnica del harakiri con fusil.”

A su muerte, se leyó en La Habana el testamento de Hemingway. Entre otros legados, traspasaba al Estado cubano la propiedad de Finca Vigía. El viejo escritor, tan remiso a recibir a escritores en su casa, quería que el predio se convirtiera en lugar de reunión de jóvenes intelectuales y artistas y que funcionase allí además un centro de estudios botánicos. El Gobierno Cubano propuso entonces que la finca se convirtiera en museo, sugerencia que aceptó la viuda del narrador.

Pero más que un museo, Finca Vigía continúa siendo la casa de Hemingway. Vacía parece, sin embargo, llena de vida. Da la impresión de que su propietario no está muerto, sino ausente y que de un momento a otro regresará del Floridita o de una cacería.

Dejará entonces en algún sitio su carabina y mirará por encima la correspondencia; en definitiva, en la mesa de la biblioteca de la finca hay un cuño de goma que dice: “Yo nunca escribo cartas”. Ingerirá un trago (“Un buen güisqui es muy agradable, es una de las cosas más agradables de la existencia”) y se colocará ante su Royal portátil para proseguir el trabajo en la rara y ambiciosa novela que nunca llegó a concluir.

THE HAVANA THAT ERNEST HEMINGWAY LIVED, HIS LIFE IN THE CUBA THAT HE LOVED. PHOTOS.

“I love this country and I feel at home; and wherever a man feels at home, apart from where he was born, that is where he was destined to be,” said the author of The Old Man and the Sea, referring to Cuba.

Ernest M. Hemingway was an American novelist, short story writer, and journalist, known for his sober and economical style that influenced later writers of the 20th century. He has been romanticized for his adventurous lifestyle and his frank and forceful public image. Some of his seven novels, six collections of short stories, and two works of nonfiction have become classics of American literature, and he received the Nobel Prize for Literature in 1954.

Ernest Hemingway lived in his Havana home for the last 22 years of his life. When he settled in Finca Vigía – about 30 minutes from the centre of Havana – he was about to finish For Whom the Bell Tolls. When he left for good, he had already made his way to fame as a writer and had earned the Nobel Prize. His portable Royal, the graves of his dogs, some 50 cats and the nine thousand volumes that he had collected throughout his life remained on the estate, and which many years later would make García Márquez exclaim: “What a strange library this man had!”

HE ARRIVES IN CUBA

Hemingway arrived in Cuba in the first half of April 1928. Together with Pauline Pfeiffer, his second wife, he made the journey here to Key West, where he would finish A Farewell to Arms. He returned in 1932 to fish for marlin in Cuban waters. He returned in 1933 and wrote the first of his chronicles on Cuban themes. From then on, he would never disassociate himself from this “long, beautiful, and unfortunate island,” as he called Cuba in The Green Hills of Africa. The Old Man and the Sea (1952) is, par excellence, Hemingway’s “Cuban” novel. Part of the plot of Islands in the Gulf (1970) takes place in Cuba. There are also allusions to the island in some short stories and in many of his newspaper articles. The setting of To Have and Have Not (1937) is largely Cuban.

On one occasion, he said in relation to Cuba: “I love this country and I feel at home; and wherever a man feels at home, apart from where he was born, that is the place he was destined for.”

His first refuge in Havana was at the Hotel Ambos Mundos, on Obispo Street. Room 511 of that establishment, where he invariably stayed, is preserved intact. At five in the afternoon, after a day of fishing, Hemingway would lock himself in his hotel room, order food and start writing. He would do it in bed, by hand, and then type up the manuscript without making any corrections. In 1958, in his famous interview with George Plimpton, he would remember: “The Ambos Mundos, in Havana, was a good place to work.”

Sometimes in Bermuda shorts, with Basque slippers, almost always without socks and with a light shirt, he could be seen walking down Obispo Street. He would evoke the characteristic smells of that street in Islands in the Gulf…

The writer felt comfortable at the Ambos Mundos, because of the central location of the area and the proximity to the port, where his yacht Pilar was anchored. But Martha Gelhorn, his third wife, began to feel uncomfortable with the anonymous and impersonal room and the lack of privacy when her husband’s friends visited. It was she who sought out and found Finca Vigía. At first, Hemingway disliked the place: it was too far from the Floridita.



A GLASS OF SHALLOW WATERS

A good part of Islands in the Gulf takes place in this Havana bar. In these pages of the novel, the reader sees a character wandering around whom the writer calls Liliana the honest. In real life, her name was Leopoldina, a Cuban prostitute who “made a living” at the Floridita and who was the novelist’s great Cuban love. The Floridita is the birthplace of the daiquiri, and there Hemingway invented a special daiquiri that bears her name.

La Terraza, a seafood restaurant in the fishing village of Cojímar, was another of Hemingway’s favorite places in Havana. At the Floridita, the place where the writer used to sit is revered – the first chair on the left of the bar – and at La Terraza, his usual table, in the left corner, next to the window.

“It is very pleasant to be here,” says the protagonist of Islands in the Gulf, referring to La Terraza. And in the same novel, the daiquiri is described with its exact flavor and color. “A drink of shallow water,” Hemingway defined it.

“ONE LIVES BETTER ON THIS ISLAND” SAID HEMINGWAY

In 1949, he explained in a chronicle the reasons for his long Cuban residence. He spoke, of course, of the Gulf Stream, “where there is the best and most abundant fishing I have ever seen in my life”; of the 18 kinds of mangoes that were harvested on his property, of his breeding of fighting cocks… and he noted as if by accident: “One lives on this Island (…) because in the cool of the morning one works better and more comfortably than anywhere else.”

He wrote standing up, in his later years, on a lesser kudu skin, because that way he “thought more clearly.” He got up early and only abandoned his work when he reached a point where he knew exactly what would happen next. Achieving, during a day, some 500 “clean” words was satisfactory for him, and he never directly attacked the most difficult passages on type, but he did the dialogues.

Finca Vigía was, says García Márquez, the only truly stable house that the writer had in his life. Mary Welsh, his fourth and last wife, put, as far as she could, order in the estate and in the novelist’s life. Since he complained about how much visitors bothered him, Mary arranged the construction of the three-story tower next to the house. The top floor would be Hemingway’s workroom. He went up one day and stayed there for fifteen minutes, during which he tried, in vain, to compose a sentence. He went down and never used the place to write again. He commented that he could not bear the solitude.

HARAKIRI WITH A RIFLE

“Look how I’m going to kill myself,” he told his friends at Finca Vigía. He would place the butt of his Mannlicher Schoenauer 265 shotgun on the floor and rest the barrel on the roof of his mouth. Then he would press the trigger with the thumb of one foot. A dry click could be heard. He exclaimed with a smile: “This is the technique of harakiri with a rifle.”

Upon his death, Hemingway’s will was read in Havana. Among other bequests, he transferred the ownership of Finca Vigía to the Cuban State. The old writer, so reluctant to receive writers in his house, wanted the property to become a meeting place for young intellectuals and artists and to also have a center for botanical studies. The Cuban government then proposed that the estate be turned into a museum, a suggestion that the narrator’s widow accepted.

But more than a museum, Finca Vigía continues to be Hemingway’s house. Empty, it seems, however, full of life. It gives the impression that its owner is not dead, but absent and that at any moment he will return from the Floridita or from a hunt.

He will then leave his rifle somewhere and look over the correspondence; in short, on the table in the estate’s library there is a rubber stamp that says: “I never write letters.” He takes a drink (“A good whiskey is very pleasant, it is one of the most pleasant things in existence”) and sits down in front of his Royal laptop to continue working on the strange and ambitious novel that he never finished.

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– LA ESCULTURA DE BRONCE de John Lennon en la Habana, Cuba con sus actuales Gafas Desmontables. FOTOS.* THE JOHN LENNON BRONZE Sculpture in Havana, Cuba with His Current Removable Glasses. PHOTOS.

LA ESCULTURA DE BRONCE DE JOHN LENNON EN LA HABANA, CUBA CON SUS ACTUALES GAFAS DESMONTABLES. FOTOS.

El Parque John Lennon o Parque John Lennon (antes conocido como Parque Menocal) es un parque público, ubicado en el barrio del Vedado en La Habana, Cuba.

En uno de los bancos del parque, más cerca de la esquina de las calles 17 y 6, se encuentra una escultura del ex Beatle John Lennon, esculpida por el artista cubano José Villa Soberón, sentado en el extremo derecho del banco.

El lugar tiene forma rectangular, con una plaza circular en el centro rodeada por un muro que se divide en cuatro extremos, permitiendo el acceso a través de escaleras de 9 escalones. Cuenta con grandes arboledas, plantas ornamentales y césped. Un hermoso parque con amplios pasillos y bancos de hierro, donde la frescura y el verdor lo convierten en un lugar muy agradable.

En 1964, el régimen de Castro prohibió a los Beatles en Cuba, poco después de su aparición en American TV program The Ed Sullivan Show. La prohibición se emitió porque los Beatles eran vistos como un producto del sistema capitalista y su música se consideraba una amenaza para la revolución. Escuchar a los Beatles era casi una traición y podía llevar a un arresto.

Sin embargo, la actitud de Castro hacia los Beatles cambió a finales de los años 90, cuando Cuba necesitaba ingresos provenientes de los turistas occidentales.

LOS RECUERDOS NACEN CON UN PROYECTO

A principios de los años noventa, el primer concierto en honor a Lennon comenzó a gestarse y fue una iniciativa de Carlos Alfonso, Ele y Síntesis, a la que se sumaron también los músicos Carlos Varela, Santiago Feliù, Pepe Piñeiro (exmiembro de Los Pacíficos), Dagoberto Pedraja, el grupo Gens, Pablo Menéndez y su grupo Mix, Gerardo Alfonso, otros músicos y, por supuesto, un grupo de amigos cineastas, escritores, pintores, técnicos y locos por la vida que tuvieron el sueño de homenajear a Lennon y a Los Beatles.

Hacer justicia por la ofensa e ingratitud que había significado la prohibición oficial de los Cuatro de Liverpool en Cuba en los años 60 y 70. El concierto se realizaría en la azotea del Hotel Habana Libre, en la esquina de L y 23, pleno corazón de La Rampa y una de las zonas más concurridas de la capital.

El plan era montar todo el equipo de grabación de sonido y vídeo un viernes y que coincidiera con las actividades del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, pero sin hacer la más mínima publicidad o anuncio, de forma similar a como John, Paul, George y Ringo lo habían hecho en Inglaterra en el último concierto de fin de sus años como banda y que popularmente se denominó “concierto en la terraza” o “concierto en la azotea de los estudios Apple”.

Sin embargo, esto no fue aprobado por las autoridades gubernamentales, pero entonces surgió la posibilidad de hacerlo en el parque de la 17. Los vecinos de esa zona habían dado su apoyo y se han mantenido para colaborar con el evento.

LA ESCULTURA VISIBLE

La escultura de Lennon actualmente no lleva sus características gafas de lentes redondas, que han sido robadas, o vandalizadas, varias veces. Sin embargo, durante el día, un guardia de seguridad se sienta junto al banco y coloca los lentes sobre la estatua si se lo piden.

La estatua fue inaugurada el 8 de diciembre de 2000, el 20 aniversario del asesinato de Lennon. Un año después, el autor cubano Ernesto Juan Castellanos escribió un libro sobre la estatua, John Lennon en La Habana con un poco de ayuda de mis amigos, y sobre la prohibición que John Lennon y los Beatles sufrieron en Cuba durante los años 1960 y 1970.

Hoy en día, hay varios lugares en Cuba que rinden homenaje a los Beatles, entre ellos:

Submarino Amarillo: Un bar con decoración temática de los Beatles y paredes cubiertas de imágenes de la banda y sus canciones

Bandas cubanas: Tocan versiones de éxitos de los Beatles y otras canciones de rock.

The estatua de John Lennon: Ubicada en el pequeño parque en La Habana

La placa con la inscripción “Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único” estará en el recuerdo y el corazón de los muchos que mantienen a John Lennon y los Beatles en su memoria.

JOHN LENNON BRONZE SCULPTURE IN LA HAVANA, CUBA WITH HIS CURRENT REMOVABLE GLASSES. PHOTOS.

John Lennon Park or Parque John Lennon (formerly known as Parque Menocal) is a public park, located in the Vedado district in Havana, Cuba.

On one of the benches of the park, nearer the corner of streets 17th and 6th, there is a sculpture of the former Beatles member John Lennon, sculpted by Cuban artist José Villa Soberón, seated on the bench’s right end.

The place has a rectangular shape, with a circular plaza in the center surrounded by a wall that is divided into four ends, allowing access through 9-step stairs. It has large groves of trees, ornamental plants and grass. A beautiful park with large corridors and iron benches, where the freshness and greenery make it a very pleasant place.​

On 1964 the Castro Regime banned the Beatles in Cuba, shortly after their appearance on The Ed Sullivan Show. The ban was issued because the Beatles were seen as a product of the capitalist system, and their music was considered a threat to the revolution. Listening to the Beatles was almost treasonous, and could lead to arrest. 


MEMORIES BORN A MEMORY PROYECT

At the beginning of the nineties, the first concert for Lennon began to take shape and was an initiative of Carlos Alfonso, Ele and Síntesis, which was also joined by the musicians Carlos Varela, Santiago Feliù, Pepe Piñeiro (former member of Los Pacíficos), Dagoberto Pedraja, the group Gens, Pablo Menéndez and his group Mix, Gerardo Alfonso, other musicians and, of course, a group of friends who were filmmakers, writers, painters, technicians and crazy people about life who had the dream to honor Lennon and The Beatles.

Do justice for the offense and ingratitude that the official ban of the Liverpool Four in Cuba had meant in the 60s and 70s. The concert would take place on the low roof of the Habana Libre Hotel, on the corner of L and 23, the heart of La Rampa and one of the busiest areas of the capital.

The plan was to set up all the sound and video recording equipment on a Friday and to coincide with the activities of the International Festival of New Latin American Cinema, but without making the slightest publicity or announcement, in a similar way as John, Paul, George and Ringo had done it in England in the last concert at the end of their years as a band and which was popularly called “concert on the terrace” or “concert on the roof of Apple Studios.”

However, this was not approved by the government authorities, but then the possibility of doing it in the park on 17 arose. The residents of that area had given their support and has remain to collaborate with the event.

THE VISIBLE SCULPTURE

The Lennon sculpture is currently not wearing its trademark round-lensed glasses, which have been stolen, or vandalized, several times. However, during the day, a security guard sits next to the bench and places the glasses on the statue if asked.

The statue was inaugurated on December 8, 2000, the 20th anniversary of Lennon’s murder. A year later, Cuban author Ernesto Juan Castellanos wrote a book about the statue, John Lennon in Havana with a Little Help from My Friends, and about the ban that John Lennon and the Beatles suffered in Cuba during the 1960s and 1970s.

Today, there are several places in Cuba that pay tribute to the Beatles, including:

Yellow Submarine: A bar with Beatles-themed decor and walls covered with images of the band and their songs

Cuban bands: They play covers of Beatles hits and other rock songs.

The statue of John Lennon: Located in the small park in Havana

The plaque with the inscription “You may say I’m a dreamer, but I’m not the only one” will be in the memory and hearts of the many who keep John Lennon and the Beatles in their memory.

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