EN MATANZAS, el arroz solo se vende en la intimidad de las casas. Arroz. PHOTOS. * IN MATANZAS, rice is sold only within the privacy of homes. Rice. PHOTOS.

EN MATANZAS, el arroz solo se vende en la intimidad de las casas. Arroz. PHOTOS.

El grano importado, de mejor calidad, se despacha a 320 pesos la libra en la sala de El Guajiro. El arroz, uno de los productos sometidos de nuevo, por decisión de las autoridades provinciales, a la política de precios topados, se ha ido refugiando en un mercado informal.

El arroz, uno de los productos sometidos de nuevo, por decisión de las autoridades provinciales, a la política de precios topados, se ha ido refugiando en un mercado informal. / 14ymedio


MATANZAS – En la sala de su casa, entre el televisor y la puerta de un cuarto, El Guajiro mantiene abiertos dos sacos de arroz llegados de la lejana China. En la vivienda se vende de todo un poco: lo mismo un pomo de champú que varias libras del cereal. Unas veces despacha su hija, otras su esposa y, de vez en cuando, él mismo. “Todo el barrio de Los Mangos sabe que en esta casa tenemos a la venta arroz de buena calidad”, comenta orgulloso.



La fachada no anuncia el negocio. No hay cartel, tablilla de precios ni nada que distinga la vivienda de tantas otras de la ciudad de Matanzas. Pero la fama de El Guajiro corre varias cuadras, y hasta carretilleros y vendedores ambulantes recomiendan su dirección. El arroz, uno de los productos sometidos de nuevo, por decisión de las autoridades provinciales, a la política de precios topados, se ha ido refugiando en un mercado informal que funciona de boca en boca y detrás de puertas y ventanas.

Pocos conocen el verdadero nombre de este matancero venido de Ceiba Mocha. Bonachón con quienes llegan preguntando por el grano, hasta regala una bolsa de nailon al cliente que no tiene dónde cargarlo. “Aquí servimos el producto en un jarro de cinco libras”, explica a 14ymedio mientras señala el recipiente. No tiene licencia comercial para esa venta, pero asegura que sus ofertas informales son necesarias “para la sobrevivencia del día a día de mucha gente”.



Mientras el importado desaparece de muchos mostradores estatales, sacos procedentes del exterior reaparecen en circuitos particulares, sin libreta de racionamiento y sin límite de compra.

Mientras el importado desaparece de muchos mostradores estatales, sacos procedentes del exterior reaparecen en circuitos particulares, sin libreta de racionamiento y sin límite de compra. / 14ymedio

A principios de año, la libra costaba en esa misma vivienda 250 pesos. En siete meses ha subido hasta los 320 actuales. El Guajiro se justifica desde su descolorido balance de madera: la inflación y el alquiler de un vehículo para trasladarlo, en medio de la crisis de combustible, disparan los costos. “Cuando más estable está la cosa, no aparece el camión y tengo que buscar otro transporte”.


Esa cadena clandestina sostiene ahora parte de uno de los hábitos alimentarios más arraigados de Cuba. Para muchas familias, un plato sin arroz parece incompleto. Puede acompañar frijoles, huevo, pollo, picadillo o apenas una salsa; sirve para estirar una comida escasa y para que el comensal se levante de la mesa con alguna sensación de saciedad. Por eso cayó tan mal la recomendación hecha a finales del pasado año por funcionarios y expertos de modificar el consumo de arroz y papa en aras de la “soberanía alimentaria”. El economista Pedro Monreal recordó entonces que en la Isla el consumo de arroz había caído un 41,5% entre 2005 y 2023.

El problema no parece estar precisamente en que los cubanos coman demasiado arroz, sino en que cada vez se produce menos en los campos de la Isla. Los últimos datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información retratan un derrumbe del 73,4% en cinco años. En 2025 se procesaron apenas 20.100 toneladas, cuando las necesidades nacionales rondan entre 600.000 y 700.000 toneladas anuales.

El problema no parece estar precisamente en que los cubanos coman demasiado arroz, sino en que cada vez se produce menos en los campos de la Isla.

El problema no parece estar precisamente en que los cubanos coman demasiado arroz, sino en que cada vez se produce menos en los campos de la Isla. / 14ymedio

La caída ayuda también a explicar la presencia creciente del grano extranjero. El cliente lo prefiere, además, porque suele llegar más limpio, entero y con una presentación superior al arroz criollo, tradicionalmente más partido y con impurezas. Ahora, mientras el importado desaparece de muchos mostradores estatales, sacos procedentes del exterior reaparecen en circuitos particulares, sin libreta de racionamiento y sin límite de compra.



En La Marina, Fabián alquiló una pequeña casa para usarla como almacén y punto de venta. Los sacos descansan en palés, apartados de la ventana para no llamar demasiado la atención. “Con la gente del barrio lo que hago es una venta diaria para ir viviendo, pero ahora tengo que pensar en grande”, dice. Su próximo paso es vender al por mayor a restaurantes privados. Su esposa lleva las cuentas y él se ocupa de una logística que exige proveedores, transporte y discreción.

Afuera, la vida del barrio continúa entre fachadas despintadas, rejas y vecinos conversando desde los portales. Una anciana espera mientras Fabián pesa las dos libras que ha pedido. Mira el arroz, después los billetes que sostiene en sus manos arrugadas. “Ya en algunos lugares está a 350 pesos la libra”, lamenta la mujer.

Agencies/ 14yMedio/ Julio C. Contreras/ Internet Photos/ CUBA (HOY)/ Arnoldo Varona
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LAS IMPORTACIONES DE POLLO DE CUBA desde EEUU se desploman mientras el combustible gana peso. * CUBA’S CHICKEN imports from the U.S. plummet as fuel gains weight. PHOTOS.

LAS IMPORTACIONES DE POLLO DE CUBA desde EEUU se desploman mientras el combustible gana peso.


Las compras de carne de pollo cayeron un 56% en valor y un 50% en volumen entre diciembre de 2025 y julio de 2026 en medio de incapacidad productiva del campo cubano.


MADRID- WASHINGTON- Las exportaciones mensuales de carne de pollo de Estados Unidos a Cuba se desplomaron en julio de 2026 hasta su nivel más bajo desde octubre de 2023, en un momento en que el combustible pasó a desplazar a los alimentos como principal componente del comercio entre ambos países, según un análisis del economista Pedro Monreal.

La caída se produjo después de que las compras de pollo ya hubieran retrocedido en enero y febrero como consecuencia del reforzamiento de las sanciones estadounidenses, aunque posteriormente registraron un rebote. Entre diciembre de 2025 y julio de 2026, sin embargo, el descenso acumulado fue de 56% en valor y de 50% en toneladas.


El desplome ocurrió además pese a que el precio unitario de la carne de pollo estadounidense vendida a la Isla había bajado de forma considerable. Según Monreal, el valor FOB por unidad disminuyó casi un 26% entre junio de 2025 y julio de 2026. Este valor (Free On Board o Libre a Bordo) es el precio de la mercancía puesta a bordo de un medio de transporte marítimo.

El dato resulta relevante porque el pollo estadounidense ha sido durante años una de las principales fuentes de abastecimiento de proteína cárnica para los cubanos y ha permitido compensar parcialmente el deterioro de la producción agropecuaria nacional.

Ahora, ese papel está cambiando.

El combustible desplaza al pollo

Monreal señala que el tradicional predominio de la carne de pollo en las exportaciones estadounidenses hacia Cuba se ha modificado en los últimos meses por el crecimiento acelerado de las ventas de combustibles.

El cambio refleja, a su juicio, una alteración de la demanda provocada por la escasez de combustible en la Isla. La necesidad energética ha aumentado hasta tal punto que los combustibles han ganado peso frente a los alimentos en las compras procedentes de EEUU, aun cuando esas operaciones están sometidas a restricciones.


Los datos del comercio bilateral muestran la magnitud del giro. Entre enero y julio de 2026, Cuba compró a empresas estadounidenses 157,3 millones de dólares en combustibles y aceites, incluidos gasolina, diésel, queroseno, aceites y combustible de aviación.

La cifra contrasta radicalmente con los 311.558 dólares registrados por ese concepto durante todo 2025.

El aumento de las compras estadounidenses se produce después de la interrupción o reducción de los suministros procedentes de Venezuela, México y Rusia, convirtiendo a EEUU en el principal proveedor de combustible de Cuba en los meses recientes.


El cambio también ocurre mientras el régimen cubano acusa a Washington de intentar asfixiar económicamente a la Isla y mientras la Administración de Donald Trump ha amenazado con imponer aranceles a países que le suministren crudo a La Habana.

La crisis energética también afecta a la comida

La reducción de las compras de pollo no puede desligarse, según Monreal, del deterioro de las condiciones materiales para conservar y distribuir alimentos en Cuba.

La crisis energética ha reducido la disponibilidad de refrigeración tanto en los hogares como en empresas. Los apagones prolongados y la falta de combustible afectan, por tanto, no solo la generación eléctrica, sino también la viabilidad de mantener cadenas de frío necesarias para determinados productos alimenticios.


El problema se suma al deterioro de la producción agropecuaria, que lleva años sin recuperar la capacidad necesaria para garantizar el abastecimiento interno.

En ese escenario, la disminución de las importaciones de pollo estadounidense elimina parcialmente una de las pocas fuentes externas que habían permitido atenuar la falta de proteína animal producida en la Isla.

Más gas y paneles solares desde EEUU

El giro del comercio bilateral no se limita al combustible convencional.

Los datos recientes muestran también un aumento de las compras cubanas de gas propano licuado y tecnología solar estadounidense.

En julio, Cuba importó 240.660 dólares en gas propano licuado desde EEUU, después de haber comprado otros 209.160 dólares en junio. Los 449.820 dólares acumulados en esos dos meses constituyen las primeras operaciones significativas registradas de este producto, que actualmente es deficitario en Cuba y se comercializa en dólares.

El gas licuado sigue siendo, no obstante, una parte marginal del comercio energético: los 449.820 dólares de junio y julio representan apenas una fracción de los 157,3 millones de dólares en combustibles y aceites exportados por EEUU a Cuba entre enero y julio.


Más significativo ha sido el crecimiento de las compras de tecnología fotovoltaica.

Solo en julio, las adquisiciones cubanas de módulos o paneles solares alcanzaron 2,58 millones de dólares, mientras que las de celdas solares sumaron otros 2,11 millones. En total, las compras de estos productos rondaron los 4,69 millones de dólares en ese mes.

Entre enero y junio se habían registrado 1,56 millones de dólares en celdas solares ensambladas en módulos o paneles. Así, julio concentró aproximadamente tres cuartas partes del valor de esas importaciones durante los primeros siete meses de 2026.

La evolución contrasta con años anteriores. En 2024, las exportaciones estadounidenses de celdas y módulos solares a Cuba sumaron apenas 33.725 dólares. En los primeros diez meses de 2025 llegaron a 503.293 dólares.

En los primeros siete meses de 2026, en cambio, Cuba recibió desde EEUU productos solares por unos 6,25 millones de dólares, unas 12 veces el valor registrado entre enero y octubre de 2025 y unas 185 veces el de todo 2024.

El incremento coincide con el programa del Gobierno cubano para expandir la generación fotovoltaica como alternativa a las deterioradas termoeléctricas de la Isla, aunque buena parte de los equipos utilizados procede de China.

El contraste es cada vez más marcado: mientras disminuye el flujo de una de las principales fuentes de alimentos importados, aumentan las compras estadounidenses destinadas a mantener en funcionamiento una economía golpeada por la falta de energía.



Agencies/ DDC/ Internet Photos/ CUBA (HOY)/ Arnoldo Varona
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DOS EMPRESARIOS TEXANOS compiten por el control de Sherritt en Cuba. EE UU-Cuba. * TWO TEXAS businessmen are competing for control of Sherritt in Cuba. U.S.-Cuba. PHOTOS.

DOS EMPRESARIOS TEXANOS compiten por el control de Sherritt en Cuba. EE UU-Cuba.


Ambos negocian con Citigroup y Office Depot, herederos de las mayores reclamaciones presentados vía la Helms-Burton contra el Estado cubano. La disputa por el control de Sherritt se complica por reclamaciones existentes sobre propiedades que el Gobierno cubano expropió en 1959.



MADRID – WASHINGTON- Las negociaciones de la canadiense Sherritt con inversores estadounidenses han tropezado con las reclamaciones de antiguos propietarios de bienes confiscados por el Gobierno cubano después de 1959. Según un análisis de Bloomberg publicado este viernes, una solución legal a este conflicto podría sentar un precedente para facilitar nuevas inversiones estadounidenses en Cuba que se enfrentan también a demandas de parte de antiguos dueños amparados en la Ley Helms-Burton.



Sherritt suspendió en mayo sus actividades en Cuba, después de que Washington endureciera las sanciones contra las compañías extranjeras vinculadas al Estado cubano. Días después, la canadiense anunció que negociaba con Gillon Capital –dirigida por el empresario texano Ray Washburne, cercano a Trump– un acuerdo que podría darle el 55% de Sherritt.

La operación permitiría a la minera continuar en la Isla con el visto bueno de Washington. Tanto el Departamento de Estado como el del Tesoro de EE UU confirmaron que no se oponían al acuerdo y, por su parte, el Gobierno cubano también habría dado luz verde a la adquisición estadounidense, según fue revelado esta semana por el Miami Herald.



Otra propuesta surgió para hacerle la competencia a Gillon. Se trata de una oferta llamativa para Sherritt presentada por un consorcio que incluye a Glencore –uno de los mayores operadores mundiales de materias primas– y al empresario petrolero Albert Huddleston, también texano, como “ancla” económica en EE UU.

Esta disputa por el control de Sherritt se complica por dos reclamaciones existentes sobre propiedades que el Gobierno cubano había expropiado en 1959.

Pero esta disputa por el control de Sherritt se complica por dos reclamaciones existentes sobre propiedades que el Gobierno cubano había expropiado en 1959 y que estaban vinculadas a los negocios operados por la minera canadiense en la Isla.

Una de estas reclamaciones pertenece hoy a Citigroup y está relacionada con la antigua mina de Moa Bay. La otra procede de la Cuban Electric Company, la antigua empresa eléctrica que operaba en la Isla antes de 1959, cuya reclamación ha pasado por varias manos durante décadas hasta hasta ser asumida por Atlas Holdings, actual propietario de Office Depot. Ambas reclamaciones suman un valor superior a 350 millones de dólares.



“Si Citigroup dice ‘no’, nadie consigue la mina y Sherritt vuelve al punto de partida”, dijo a Bloomberg Davy Karkason, abogado especializado en sanciones estadounidenses y arbitraje internacional.

Pedro Freyre, responsable de la práctica internacional del bufete Akerman en Miami, explicó que cualquier empresa que entre en contacto con una de esas propiedades puede quedar expuesta a acusaciones de “tráfico” con bienes confiscados ilegalmente.

Las reclamaciones podrían ser compradas, los demandantes incorporados como socios o, también, existe la posibilidad de llegar a algún acuerdo de arrendamiento
Sin embargo, existen otras opciones: las reclamaciones podrían ser compradas, los demandantes incorporados como socios o, también, existe la posibilidad de llegar a algún acuerdo de arrendamiento por el uso de las propiedades. Freyre considera que una solución de ese tipo se convertiría en un “modelo” para resolver algunos de los casos pendientes más importantes.





En este sentido, el director de Gillon, Ray Washburne, reconoció a Bloomberg que está intentando resolver al menos una de las reclamaciones, la relacionada con las instalaciones mineras. “La mina es lo que me preocupa”, dijo. Al ser preguntado sobre la demanda de la Cuban Electric Company, Washburne respondió: “Realmente no me importa eso”.

El complejo minero de Moa –cuya antigua propietaria estadounidense, Moa Bay Mining Company, dio origen a la reclamación que hoy está en manos de Citigroup– había sido nacionalizado por Fidel Castro en 1960. La demanda se valoró en 88 millones de dólares y es la tercera reclamación certificada de mayor cuantía entre las reconocidas por la Comisión de Liquidación de Reclamaciones Extranjeras (FCSC, por sus siglas en inglés).

“Ningún comprador de Sherritt obtendrá la aprobación de la Administración Trump a menos que cuente con la aprobación de los titulares de las reclamaciones certificadas”.

La segunda reclamación que pesa sobre Sherritt proviene de la Cuban Electric Company. Antes de 1959, la compañía suministraba más del 90% de la electricidad de la Isla y era uno de los principales proveedores de gas natural de La Habana. Fue una de las primeras empresas estadounidenses que el Gobierno cubano confiscó tras 1959.



Su principal accionista era entonces American & Foreign Power y la reclamación fue certificada por la FCSC en 1970. La demanda había sido valorada originalmente en 268 millones de dólares, pero con un crecimiento del 6% anual por los intereses acumulados, se sitúa ahora como la mayor de las reclamaciones certificadas contra Cuba, con un valor de 803 millones de dólares.

John Kavulich, presidente del US-Cuba Trade and Economic Council, calificó el caso de Sherritt como uno de los ejemplos paradigmáticos del laberinto creado por la Helms-Burton para quienes intentan invertir en la Isla. Según Kavulich, resolver este conflicto podría convertirse en un “milagro entre los milagros”.

Una solución de ese tipo se convertiría en un “modelo” para resolver algunos de los casos pendientes más importantes.

“Ningún comprador de Sherritt obtendrá la aprobación de la Administración Trump a menos que cuente con la aprobación de los titulares de las reclamaciones certificadas”, dijo Kavulich. “Es una especie de carrera entre estas partes para llegar a un acuerdo”.



Precisamente, el US-Cuba Trade and Economic Council publicó este viernes un análisis que apunta al interés de Washington por la industria minera en Cuba. El análisis se centra en el caso de la australiana Antilles Gold, que suspendió sus operaciones en la Isla después de que EE UU sancionara a su socio cubano y que ahora negocia una reestructuración empresarial para facilitar la entrada de capital estadounidense, con una estrategia similar a la que sigue Sherritt.

La australiana firmó el 25 de agosto un acuerdo vinculante con GEM Global Yield para que ese fondo de inversión estadounidense adquiera inicialmente el 25% de la filial de Antilles Gold que posee el 50% de la estatal cubana Minera La Victoria. El objetivo es que entidades estadounidenses lleguen a controlar al menos el 51% de esta filial antes del 30 de junio de 2028, como vía para intentar levantar las sanciones y reanudar las operaciones para empezar la explotación de una mina de oro y cobre en la Isla.



Agencies/ 14yMedio/ Internet Photos/ CUBA (HOY)/ Arnoldo Varona
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