HISTORIAS ROMÁNTICAS DE CUBANOS EN ESPAÑA. UN ISLEÑO EN LA CORTE ESPAÑOLA.
Transcurre 1999 y una noticia cae como una bomba en el mundo farandulero español, cuando la famosísima actriz, cantante y presentadora Marujita Díaz –quien entonces cuenta con 68 años– regresa de un viaje a Cuba.
“¡Marujita ha perdido la cabeza por un jovencito cubano!”, grita alguien dado a la chismografía.
Mientras, esa preciosura que llamaron Sarita Montiel –muy amiga de Marujita– dice en un susurro: “Si ella tiene un cubanito, ¡yo tendré el mío también!”. Y cumple su palabra tres años después.
Y el interés de eminentes damas ibéricas por varones nacidos en la Grandísima Antilla no data de unos pocos años, pues, como enseguida se verá, existe alguna referencia de hace más de siglo y medio.
Cubano en la Corte Española.
Josefina Fernanda de Borbón era hermana del rey consorte y, por tanto, infanta del reino.
Una mañana de 1847, en su faetón, recorría Madrid la infanta, cuando se derrumbó un andamio de un inmueble en construcción. Los caballos, aterrorizados por el estruendo, salieron en estampida.
La espantada infanta clamaba por su vida. Hasta que un fornido hombre, a puro brazo, se lanzó sobre los cuadrúpedos y logró detenerlos.
El salvador se acercó al coche y ella le extendió una mano, que él besó mientras la miraba con descaro de consumado galán.
Entonces, se oyó que uno de los espectadores gritaba: “¡Hay que saber que es bragado este cubano!”
De regreso a palacio, Josefina instruyó a su más confiable camarista, amante de un agente policial: “Quiero premiar al apuesto autor de mi rescate. Averiguad quién es, dónde vive, qué hace…”
Estaban servidas, en bandeja, las premisas de un sonado escándalo.
Quien era este apuesto varón caribeño?
José Lorenzo Buenaventura Güell y Renté, hijo de catalán, es bautizado el 14 de septiembre de 1818 en la parroquia del Espíritu Santo, en su natal San Cristóbal de La Habana.
Cursó el bachillerato en el habanero Seminario San Carlos y después se licenció en Derecho en Barcelona, donde fue condiscípulo de Carlos Manuel de Céspedes.
Ejerció intensamente el periodismo, sobre todo en la Península. Publicó docenas de libros –poesía, estudios históricos o jurídicos, biografías–, algunos de ellos escritos en francés. Fue traducido a esta lengua y al italiano.
Es de imaginar, entonces, cómo enrojeció de ira el rey, aquel ente primario al enterarse del volcánico apasionamiento de la infanta por el cubano. A ella, la recluyó en el castillo de Valladolid. A él, lo persiguió con saña.
Y aquí viene este incidente, que parece una página arrancada de alguna novela romántica. Un día, la cautiva infanta paseaba por las inmediaciones del palacio-prisión. En un recodo del sendero esperaba Güell, emboscado con un amigo cura y dos testigos. Así, burlando a la escolta, se produjo la boda secreta.
Cuando el hecho se conoció, la energúmena Isabel despojó a Josefina Fernanda de su dignidad de infanta, para ser en lo sucesivo, simplemente, “la señora Güell”. A ambos los condenó a destierro. La pareja tendría dos vástagos, pero al final el matrimonio iba a naufragar, pues el cubano nunca renunció a su vocación enamoradiza.
Ah, pero dígase que Güell no sólo sufrió persecución por burlar los rígidos patrones cortesanos en materia de vínculos matrimoniales.
No. El cubano también fue reprimido por ser una figura protagónica en el ala más progresista de la política hispana.
Encabezó, en 1854, la sublevación de Valladolid. Elegido diputado a Cortes Constitucionales, allí expresa ser “hombre del pueblo, venido aquí para el pueblo y por el pueblo”.
Fue un luchador abolicionista. Su independentismo se evidenció cuando transcurría 1873 y coincide en París con Francisco Vicente Aguilera, a quien le manifiesta su anhelo de ver libre a Cuba. Batalló por proveer a la universidad habanera de una sede decente.
José Martí, de los senadores liberales por La Habana, sólo aprobaba a Labra y a Güell, pues eran “los demás, conservadores y esclavistas”. Y calificó a Güell como “brioso, y hombre de sano corazón y puros sentimientos”.
Murió en España, en 1884. Los restos, según su expresa voluntad, fueron trasladados a Cuba.
De manera que brilla, en nuestro pasado, el brillante escritor y periodista, lo mismo que el político alineado con el progreso.
Y el hombre apasionado que hizo enloquecer de amor a una infanta, hasta el punto de ser –él, un demócrata– cuñado del mismísimo rey.
ROMANTIC STORIES OF CUBANS IN SPAIN. AN ISLEÑO IN THE SPANISH COURT.
It happens 1999 and a news drops like a bomb in the Spanish farandulero world, when the famous actress, singer and presenter Marujita Diaz – that then counts 68 years – returns of a trip to Cuba.
“Marujita has lost her head for a young Cuban!” Shouts someone given to the gossip.
Meanwhile, that sweetheart named Sarita Montiel – a very close friend of Marujita – says in a whisper: “If she has a cubanito, I will have mine too!”. And he keeps his word three years later.
And the interest of eminent Iberian ladies by men born in the Grande Antilla does not date from a few years, because, as you will see, there is some reference of more than a century and a half ago.
Cuban in the Spanish Court.
Josefina Fernanda de Borbón was sister of the king consorte and, therefore, infanta of the kingdom.
One morning in 1847, in his phaeton, Madrid was walking the infanta, when a scaffolding of a building under construction collapsed. The horses, terrified by the noise, came out in stampede.
The frightened infant cried for her life. Until a burly man, with his arm, threw himself on the quadrupeds and managed to stop them.
The savior approached the car and she held out a hand to him, which he kissed as he looked at her brazenly gallant.
Then, one of the spectators was heard to shout: “You have to know that this Cuban is bragado!”
Back at the palace, Josefina instructed her most trusted chamberlain, mistress of a police officer: “I want to reward the handsome author of my rescue. Find out who he is, where he lives, what he does … ”
The premises of a sound scandal were served on a platter.
Who was this handsome Caribbean boy?
José Lorenzo Buenaventura Güell and Renté, son of Catalan, was baptized on September 14, 1818 in the parish of the Holy Spirit, in his native San Cristobal de La Habana.
He studied high school at the Habanero San Carlos Seminary and later graduated in Law in Barcelona, where he was a classmate of Carlos Manuel de Céspedes.
He exercised intense journalism, especially in the Peninsula. He published dozens of books – poetry, historical or legal studies, biographies – some of them written in French. It was translated into this language and into Italian.
Imagine, then, how the king primary being reddened with anger upon learning of the volcanic passion of the Infanta for the Cuban. She was confined to the castle of Valladolid. He pursued him fiercely.
And here comes this incident, which looks like a page ripped from some romantic novel. One day, the captive infanta was walking around the palace-prison. At one end of the path Guell waited, ambushed by a priest friend and two witnesses. Thus, mocking the escort, the secret wedding took place.
When the fact was known, the energetic Isabel stripped Josefina Fernanda of her dignity as an infant, to be henceforth simply “Mrs. Güell.” He condemned them both to exile. The couple would have two offspring, but in the end the marriage was going to be shipwrecked, since the Cuban never gave up his vocation in love.
Ah, but let us say that Güell was not only persecuted for circumventing the rigid court rulers in matrimonial ties.
No. The Cuban was also repressed for being a leading figure in the most progressive wing of Hispanic politics.
He headed, in 1854, the uprising of Valladolid. Elected deputy to Constitutional Courts, there it expresses to be “man of the town, come here for the town and by the town”.
He was an abolitionist fighter. His independence was evident when he passed 1873 and coincides in Paris with Francisco Vicente Aguilera, who manifests his longing to see Cuba free. He struggled to provide Havana with a decent seat.
José Martí, of the liberal senators for Havana, only approved Labra and Güell, because they were “the other, conservative and slave.” And he described Güell as “spirited, and a man of sound heart and pure feelings.”
He died in Spain, in 1884. The remains, according to his expressed will, were transferred to Cuba.
So, in our past, the brilliant writer and journalist shines, as does the politician aligned with progress.
And the passionate man who made a princess infatuated with love, to the point of being a Democrat-a brother-in-law of the king himself.
Agencias/Flashazos/ Argelio Santiesteban/Internet Photos/Arnoldo Varona/TheCubanHistory.com
THE CUBAN HISTORY, HOLLYWOOD.