– FEDERICO GARCÍA LORCA, un Poeta Español que Amó a Cuba. PHOTOS.

spanish-literature-lorcaFEDERICO GARCIA LORCA, UN POETA ESPAÑOL QUE AMÓ A CUBA.

EN LA NOCHE del 18 al 19 de Agosto del 1936 el gran poeta y dramaturgo español Federico Garcia Lorca fue asesinado entre las localidades de Víznar y Alfacar, en plena madurez de su genio creativo y cuando se le auguraba un futuro aún más espléndido. Fue una de las miles de víctimas inocentes que propició el drama fratricida que ensangrentó España durante su Guerra Civil (1936-1939).

Nacido un día 5 de junio de 1898 en Fuente Vaqueros, un pequeño pueblo de la Vega de Granada. Hoy todavia existen muchos episodios de la vida del autor que permanecen envueltos por las brumas del misterio. Otros, por el contrario, empiezan a ser conocidos y estudiados por especialistas que nos van desvelando facetas fundamentales en su trayectoria artística y personal.

Una de ellas fue su viaje a Cuba en 1930.

Corría el mes de junio de 1929, cuando García Lorca, inmerso en plena crisis existencial, acepta viajar a los Estados Unidos acompañando a Fernando de los Ríos. La estancia en Nueva York, la gran metrópoli arquetipo de la modernidad, con su riqueza insultante, pero también con su pobreza descarnada, deslumbrará al poeta. De allí brotó su gran obra ‘Poeta en Nueva York’. Sin embargo, el destino le deparará otra sorpresa: en la ciudad de los rascacielos va a conocer al gran escritor, antropólogo y jurista cubano Fernando Ortiz (1881-1969), promotor y director de la Institución Hispanocubana de Cultura1 , que invitará al poeta para que dé una serie de conferencias en Cuba.

unnamed (7)

Aunque nunca había estado en Cuba, Federico García Lorca ya había respirado en su infancia el olor de la isla a través de las vistosas cajas de puros habanos que su padre recibía desde allí; también estaba familiarizado con los ritmos contagiosos de la música cubana, que conocía gracias a los viejos discos de pizarra que había en casa. Además, contaba con la amistad de importantes intelectuales cubanos.

En la casa madrileña de José María Chacón y Calvo (1892-1969), escritor, editor e investigador, que llegó a España en 1918 para desempeñar funciones diplomáticas, el poeta granadino conocerá a Lydia Cabrera (1899-1991), investigadora y escritora, estudiosa del folclore cubano, con la que entabló una profunda amistad . Se dice que ella fue quien facilitó el encuentro personal entre García Lorca y la gran actriz catalana Margarita Xirgu, encuentro que a la larga sería trascendental en la posterior trayectoria de ambos. Como señal de agradecimiento, el poeta dedicaría a Lydia Cabrera y a su negrita su romance ‘La casada infiel’, perteneciente al Romancero Gitano.

Federico García Lorca no era un personaje desconocido en la mayor de las Antillas; ya en 1926 la Revista Social de La Habana había publicado sus versos junto a los de Rafael Alberti. Significativa es la carta que le escribió el 14 de septiembre de 1929 su amigo personal Francisco Campos Aravaca5 , cónsul de España en Cienfuegos, invitándole a visitar la isla y a impartir una conferencia en esa ciudad, prometiéndole organizar allí algo que resultara “famoso”. ¿Y que decir de la misiva del 19 del mismo mes escrita por el escritor y periodista Francisco Ichaso: “Te invito a que vengas, pues como te decía en una postal (…) en tus dominios poéticos no se pone el sol, y eres aquí tan conocido como en la Puerta Real, y desde luego tan admirado”.

download (5)

EL POETA EN LA HABANA

La idea del viaje a Cuba, presente desde hace tiempo, se concretará por fin gracias a la invitación de la Institución dirigida por Fernando Ortiz. Un par de años antes, el 29 de enero de 1928, Fernando de los Ríos, famoso político e intelectual español amigo de Federico García Lorca, había abierto el camino actuando como conferenciante en dicha entidad. El 4 de marzo de 1930 el poeta tomará en Nueva York un tren que lo conducirá a la península de la Florida y, desde la ciudad de Tampa, embarcará en un vapor norteamericano con premonitorio nombre, “Cuba”, que atracará en La Habana el 7 de marzo. Federico no se imagina que va a permanecer en la isla nada menos tres meses (hasta el 13 de junio), y que esa estancia, tan prolongada para lo previsto, le va a dejar una huella imborrable.

La llegada de Federico a la capital cubana supondrá un reencuentro con la luz, con la alegría de Andalucía, pero también el descubrimiento de una cultura “mulata”, mezcla de la española y la africana, en la que el sincretismo está a la orden del día (Fernando Ortiz acuñó el término “transculturación” para definir este fenómeno). Se cuenta que el poeta se emocionó al ver el Castillo del Morro y exclamó: “Pero, ¿qué es esto? ¿Otra vez España? ¿Otra vez la Andalucía mundial? Es el amarillo de Cádiz con un grado más, el rosa de Sevilla tirando a carmín y el verde de Granada con una leve fosforescencia de pez”.

La efervescencia revolucionaria que caracteriza al país caribeño en aquellos años también se ve acompañada por una gran agitación cultural. Efectivamente, el auge de la radio (en 1930 había 43 emisoras en toda la nación) contribuye a popularizar el son, ritmo musical que tuvo su génesis en el Oriente de la isla. Son los años en que el “Negrismo”, movimiento cultural que revaloriza las raíces africanas de lo cubano, se encuentra en pleno apogeo; su influencia se percibe tanto en la música como en la literatura, el poeta Nicolás Guillén, el 20 de abril de 1930, apenas un mes después de la llegada de García Lorca a Cuba, publica sus ‘Motivos de Son’.

unnamed (8)

EL POETA EN LA HABANA

Instalado en el hotel ‘La Unión’, donde se hospedaban todos los invitados por la Institución Hispanocubana, las primeras semanas del poeta en dicha ciudad fueron de una frenética actividad como conferenciante. Como quiera que García Lorca ya disfrutaba de una cierta fama en la América hispana (su Romancero Gitano era muy conocido), ni que decir tiene que dichas conferencias, que se celebraron en el ‘Teatro Principal de la Comedia’, tuvieron una repercusión extraordinaria y deleitaron al público habanero.

La primera conferencia se tituló Mecánica de la Poesía y fue impartida por el escritor granadino el domingo 9 de marzo de 1930. Tres días después, tuvo lugar su segunda conferencia Paraíso cerrado para muchos. Jardines abiertos para pocos: Pedro Soto de Rojas. Un poeta gongorino del siglo XVII. El día 16 de marzo, García Lorca ofreció su tercera ponencia, Las nanas infantiles, en la que además mostró sus dotes de pianista junto a la joven cantante española María Tubau, que interpretó las canciones. El miércoles 19, a las cinco y media de la tarde, se celebró la cuarta conferencia habanera: La imagen poética de don Luis de Góngora. El 6 de abril tuvo lugar la última disertación del granadino, que pronunció Arquitectura del Cante Jondo en medio de una gran expectación.

La adaptación del poeta al ambiente habanero, a la idiosincrasia de esta gran ciudad, fue muy rápida. En una carta fechada el 5 de abril de 1930, el poeta, entusiasmado, les decía a sus padres: “Esta isla es un paraíso… Si yo me pierdo, que me busquen en Andalucía o en Cuba”. Abundando en lo anterior, el periodista e historiador cubano Emilio Roig de Leuchsering afirmaba: “En un mes desde su llegada, conoce y sabe más cosas cubanas que muchos de sus amigos y nos puede servir perfectamente de cicerone y descubrirnos lugares y tipos netamente criollos, para nosotros desconocidos”.

lorcaamerica_habana02_800

Los días habaneros de Lorca fueron intensos. Allí disfrutó en la Plaza de la Catedral viendo a los vendedores ambulantes y escuchando sus pregones; se perdió entre sus bares y locales nocturnos donde, quizá, su sexualidad reprimida se desbordó. García Lorca, que se había interesado por los espectáculos teatrales de las comunidades china y negra de Nueva York, se convirtió en un asiduo espectador del llamado “género alhambresco”, así conocido por representarse en el ‘Teatro Alhambra’.

El Teatro Alhambra, con sus personajes característicos (el “gallego”, el “negrito”, la “guajira”, la “mulata”…) a finales de los años veinte y principios de los treinta, cuando el poeta llega a Cuba, el género de variedades está en pleno apogeo y dominan las comedias con una fuerte carga de sátira político-social hacia la dictadura de Machado. García Lorca será un asiduo de dichos espectáculos, a los que asistirá casi siempre en compañía de su amigo Luis Cardoza y Aragón, cónsul de Guatemala en La Habana.

Hay que destacar que el poeta granadino no fue ajeno a los movimientos de protesta frente a las arbitrariedades del régimen machadista; incluso participó en manifestaciones como la producida en una huelga de teléfonos. A este respecto, es significativa su postura de solidaridad con un grupo de ciudadanos negros y mulatos a los que se les prohibió el acceso a la piscina del elitista Havana Yacht Club, donde se celebraban las pruebas de natación de los Juegos Deportivos Centroamericanos.

Federico también frecuentó los círculos intelectuales habaneros. Nada más llegar a la capital cubana, se dirigió al domicilio de Antonio Quevedo y María Muñoz para hacerles llegar varias cartas escritas por amigos españoles; entre ellas, una misiva de Manuel de Falla para María Muñoz, antigua alumna suya. En ese escrito, el músico gaditano decía de Federico: “Es digno de cuantas atenciones se tengan con él. Quisiera que vieran ustedes en Federico como una prolongación de mi persona”.

lorcaamerica_habana01_800

Lo cierto es que los esposos españoles residentes en Cuba desde 1919 Antonio Quevedo y Maria Muñoz, intelectuales conocidos en el ambito habanero ejercieron de magníficos anfitriones del poeta y muy rápidamente lo introdujeron en el ambiente intelectual de La Habana. Así, a los tres días de su llegada a Cuba asistieron a un concierto del gran músico ruso Sergei Prokofiev, que actuaba en la capital por invitación de la Sociedad Pro Arte Musical. El compositor eslavo iba acompañado de su esposa, la cantante española Lina Lluvera. Concluida la representación, García Lorca acudió, entusiasmado, al hotel donde se hospedaban para saludarles.

Si importante fue la relación del poeta con Antonio Quevedo y María Muñoz, no le fueron a la zaga las vivencias que García Lorca compartió con la familia Loynaz. Carlos Manuel, Dulce María, Enrique y Flor eran los hijos de Enrique Loynaz del Castillo, un importante general de la Guerra de la Independencia que había compuesto en 1895 las estrofas del Himno Invasor. Los cuatro hermanos eran poetas y habitaban en una gran mansión en el señorial barrio de El Vedado.

Federico, atraído por los versos de Enrique, de quien conocía algunos poemas publicados en España, se presentó un buen día en la casa de los Loynaz y pronto se convirtió en un visitante asiduo. El poeta granadino cayó rendido a la atmósfera casi onírica que se respiraba en esa mansión, “mi casa encantada” como le gustaba llamarla: allí leía fragmentos de sus obras, cantaba y tocaba el piano. Y así, poco a poco se fue cimentando una fuerte amistad, especialmente con Flor y Carlos Manuel, con quienes disfrutó de interminables veladas en La Habana, recorriendo sus calles, recitando poemas…

download (6)

FEDERICO DE SAN ANTONIO A MAISÍ

Federico García Lorca pudo conocer gran parte de la isla de Cuba, no sólo aprovechando su actividad como conferenciante. Estuvo en Matanzas (la “Atenas de Cuba”) y contempló el Valle del Yumurí. Quedó impresionado por la playa de Varadero (confesó no haber visto playa más bella). Fue a Pinar del Río y visitó el Valle de Viñales, con sus famosos “Mogotes”. Sin embargo, a pesar de todo, el poeta sentía nostalgia de España, de su Granada: el 19 de abril visitó Santiago de las Vegas y le recordó a Fuentevaqueros; Varadero, a la playa del mismo nombre en Motril; el paisaje de Pinar del Río, a los pinares del Guadarrama.

El poeta no sólo deleitó al auditorio habanero. El 22 de marzo estuvo en Sagua la Grande (lugar donde nació el famoso cantante Antonio Machín) acompañado de José María Chacón. Allí pronunció ‘Mecánica de la Poesía’. El 30 de marzo viajó a Caibarién, donde Chacón y Calvo presentó a su amigo definiéndolo como “poeta tradicional”.

Cienfuegos, “la Perla del Sur”, fue la única ciudad que García Lorca visitó en dos ocasiones: en abril y en junio. En principio iba a disertar sobre la ‘Mecánica de la Poesía’ en el Casino Español, pero el poeta pronunció ‘La imagen poética’ de don Luis de Góngora. Fue un 8 de abril y lo presentó su viejo amigo Francisco Campos Aravaca, que ejercía el papel de cónsul de España en esa localidad. Lorca volvería a Cienfuegos el 5 de junio para pronunciar, esta vez sí, Mecánica de la Poesía.

images (10)

IRÉ A SANTIAGO: GARCÍA LORCA Y LA MÚSICA POPULAR CUBANA

García Lorca llegó un 1 de junio de 1930 a su añorada Santiago a bordo del Tren Central (la línea “La Habana-Santiago”), que lo trajo desde La Habana tras más de doce horas de viaje; por fin se hacía realidad esa visita que no pudo efectuarse en la fecha inicialmente prevista (el 5 de abril). En la estación del ferrocarril le esperaba Max Henríquez Ureña, historiador y periodista de origen dominicano, presidente de la sucursal de la Institución Hispanocubana en Santiago de Cuba. El poeta se hospedó en el ‘Hotel Venus”, el mejor de la localidad.

En los salones de la Escuela Normal de Maestros, el escritor impartió su única conferencia en dicha ciudad, La mecánica de la nueva poesía. Si La Habana le recordaba a Cádiz, Santiago de Cuba, en cambio, le evocaba a su querida Granada por sus montañas y por el verdor de sus patios. Cuando la visitó, Santiago de Cuba ya era la segunda ciudad más importante del país y el lugar donde germinó el son, uno de los ritmos musicales más genuinamente cubanos.

Cuando García Lorca llega a Cuba, el son está en pleno apogeo. Sin embargo, el poeta ya conocía la música cubana; son significativas las palabras que escribe a su familia relatando su visita a la casa del célebre músico Eduardo Sánchez de Fuentes (“Estuve en casa del músico Sánchez de Fuentes, que es autor de la habanera “Tú”, que me cantábais de niño, “La palma que en el bosque se mece gentil”, y dedicó un ejemplar para mamá”).

Federico quedará muy pronto prendado por el sonido de las maracas, del bongó, de las claves. En las “fritas” de Marianao, localidad costera muy cercana a La Habana, el poeta se iniciará en el conocimiento del son en compañía de jóvenes y viejos soneros; rara era la noche en la que no acudía, sobre todo a escuchar atreviéndose incluso a tocar las claves y a acompañar a los músicos con su voz. Así lo contaba el musicólogo español Adolfo Salazar, compañero de viaje de regreso del granadino: “Se había hecho amigo de los morenos de los sextetos y no había noche que la excursión no terminase en las fritas de Marianao. Primero, escuchaba muy seriamente. Luego, con mucha timidez, rogaba a los soneros que tocasen éste o aquél son. Enseguida probaba con las claves, y como había cogido el ritmo y no lo hacía mal, los morenos reían complacidos haciéndole grandes cumplimientos. Esto le encantaba: un momento después, Federico acompañaba a plena voz y quería ser él quien cantase las coplas”.

lorcahabanamontaje02

Era tanta la afición de Federico por los ritmos cubanos que se llevó de vuelta para España un buen número de discos de pizarra. Según Adolfo Salazar: “Federico y yo llevamos en el Manuel Arnús los primeros sones que en Granada y en Madrid golpearon sus claves y rechinaron sus güiros…”. García Lorca confesaba que quien lo inició en la ciencia folclórica fue un viejo compositor discípulo de Verdi, Antonio Segura, a quien le dedicó su primer libro: ‘Impresiones y Paisajes’. En todo caso, la faceta folclorista del poeta de Fuentevaqueros, no por ser poco conocida deja de ser importante (significativa fue la carta de recomendación que Manuel de Falla le escribió a María Muñoz, en la que se refería más a la vertiente musical del granadino que a su figura de poeta).

“LA NEGRITUD” ATRAPA SU GRAN SENSIBILIDAD

Gran conocedor de la música popular a Federico García Lorca también le llamó la atención la “negritud,” que conoció en sus dos vertientes: la dramática de Harlem y la “amable” de Cuba. Significativa fue la primera impresión que “atrapó” al poeta cuando divisó por vez primera el perfil de La Habana: “La Habana surge entre cañaverales y ruido de maracas, cornetas chinas y marimbas. Y en el puerto, ¿quién sale a recibirme? Sale la morena Trinidad de mi niñez, aquella que se paseaba por el muelle de La Habana (…) Y salen los negros con sus ritmos que yo descubro típicas del gran pueblo andaluz, negritos sin drama que ponen los ojos en blanco y dicen: “Nosotros somos latinos”.

1140-ss-garcia-lorca-other-artists-esp.imgcache.revbafa70933721b682d8a612103e152bed.web

La correspondencia epistolar del poeta durante su estancia en Cuba es pródiga en referencias elogiosas a la raza negra; a veces de una manera tierna, entrañable, como en la carta que escribió a su amigo José María Chacón después de su visita al Valle del Yumurí, en Matanzas: “Pocas cosas en el mundo más bellas que esta adorable pareja de niños negros del valle Yumurí (…) Tengo necesidad de decir que lo más bello de toda la isla son los niños negros”.

El folclore afrocubano despertó un vivo interés en Federico, y fue acumulando un gran número de piezas relacionadas con esta materia (collares de santería, símbolos de “orishas”, etc.) para llevárselas de vuelta a España. García Lorca tuvo la gran satisfacción de conocer personalmente a Carmela Bejerano, la doncella negra de Lydia Cabrera.

De la mano de Lydia Cabrera, gran estudiosa de la herencia africana en Cuba, el poeta asistió a una ceremonia de iniciación ñáñiga. Allí, según contaría mucho después la antropóloga, se horrorizó tanto ante la extraña apariencia del Diablito o Íreme que se le abrazó al cuello. Los Ñáñigos o Abakuás constituían una sociedad secreta formada solamente por hombres, que se fundó hacia 1830 por negros esclavos procedentes de la costa de la actual Nigeria. Uno de los personajes más característicos de su liturgia eran los Íremes. Con una apariencia diabólica, iban cubiertos con tela burda de saco o tela vistosa de muchos colores y caprichosos dibujos, con un capuchón puntiagudo sobre la cabeza y cencerros en la cintura y tobillos para espantar con su sonido estridente. En sus manos llevaban un cetro y un ifán o rama. Su misión consistía en venir a la tierra para comprobar la fe de sus adeptos y su corrección en el seguimiento de la liturgia.

lorcaamerica_cuba02_800

Federico García Lorca también frecuentó los círculos musicales habaneros. Allí conoció al compositor y profesor español Pedro Sanjuán, que se había trasladado a Cuba en 1924, y coincidió con el crítico musical Adolfo Salazar. El poeta granadino también conocerá al escritor y musicólogo cubano Alejo Carpentier (al que invitará cuatro años más tarde al estreno de Yerma), y al escritor Nicolás Guillén, cuya primera obra, Motivos de Son, llevó los ritmos afrocubanos a la poesía. La investigadora santiaguera Nydia Sarabia afirma que fue el abogado y periodista José Antonio Fernández de Castro (1897-1951), jefe del suplemento literario dominical del Diario de la Marina, quien presentó a ambos poetas, que almorzaron juntos en un restaurante de la Plaza de la Catedral de La Habana.

SON DE NEGROS EN CUBA

El único texto de García Lorca que sin discusión se reconoce como escrito en Cuba es el poema ‘Son de negros en Cuba’, originalmente titulado “Son”, un canto a la emblemática capital del Oriente cubano y a su ritmo típico, que dedicó a Fernando Ortiz, el gran investigador del folclore afrocubano, más conocido como el “Tercer Descubridor de Cuba”. Antonio Quevedo atribuyó la génesis de la composición a una conversación mantenida durante la visita del poeta al Valle del Yumurí: comentando la belleza de dicho valle, alguien afirmó que en Santiago de Cuba había paisajes tan evocadores y Federico, entusiasmado, afirmó que no se iría sin visitar dicha ciudad. Se dice que escribió el poema al regreso de Matanzas. “Son de negros en Cuba”, fechado el 30 de abril de 1930,se publicó por vez primera con el título de ‘Son’ en el número 11 de la revista ‘Musicalia’, correspondiente a los meses de abril y mayo de ese año. Dicha revista, quizá la más importante publicación musical de la época, se fundó en 1928 por los esposos Antonio Quevedo y María Muñoz, y dejó de publicarse en 1942. El poeta le regaló a María Muñoz el manuscrito original. Años después, Antonio Quevedo donaría el mismo a la antigua biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País.

“Son de negros en Cuba”..dice asi….

Cuando llegue la luna llena iré a Santiago de Cuba,
iré a Santiago
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.

Cantarán los techos de palmera.
Iré a Santiago.
Cuando la palma quiere ser cigüeña,
iré a Santiago.

Y cuando quiere ser medusa el plátano,
iré a Santiago.

Iré a Santiago

con la rubia cabeza de Fonseca.
Iré a Santiago.
Y con el rosa de Romeo y Julieta
iré a Santiago.

Mar de papel y plata de monedas.
Iré a Santiago.
¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas!
Iré a Santiago.

¡Oh cintura caliente y gota de madera!
Iré a Santiago.
Arpa de troncos vivos. Caimán. Flor de tabaco.
Iré a Santiago.

Siempre he dicho que yo iría a Santiago
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.

Brisa y alcohol en las ruedas,
iré a Santiago.
Mi coral en la tiniebla,
iré a Santiago.

El mar ahogado en la arena,
iré a Santiago.
Calor blanco. Fruta muerta.
Iré a Santiago.

¡Oh bovino frescor de cañavera!

¡Oh Cuba! ¡Oh curva de suspiro y barro!

Iré a Santiago.

1D5994B2-81DE-4511-8B3D-3DDB47E63782_w408_r1_s

Existen muchas exégesis de ‘Son de Negros en Cuba’, consecuencia evidente de la gran variedad de imágenes simbólicas que contiene. Podemos citar unas cuantas: “en un coche de agua negra” se identifica con el Tren Central, en el que García Lorca viajó desde La Habana a Santiago; “ritmo de semillas secas” es el sonido provocado por el movimiento de las maracas; “cintura caliente y gota de madera” son las claves cuando se tocan para desencadenar el ritmo del son; “arpa de troncos vivos”, es la impresión del poeta al atravesar Cuba como si fuera un país con forma de arpa gigante formado por millones de troncos sonoros; “mi coral en la tiniebla” es la brasa que forma el tabaco antes de convertirse en ceniza.

En “Son de Negros en Cuba” también afloran recuerdos de la infancia de Federico García Lorca: su temprana relación con Cuba, cuando admiraba las bellas litografías que adornaban las cajas de puros que recibía su padre desde la isla: “mar de papel y plata de monedas”; “y con la rosa de Romeo y Julieta” (la marca del tabaco); “la rubia cabeza de Fonseca” (en referencia a Francisco Fonseca, empresario español que en 1907 registró la marca con su apellido).

Al recitar el poema llama la atención la constante repetición del estribillo “Iré a Santiago”, que recuerda al montuno cantado a coro, característico del son. Con ello, García Lorca consiguió dotar de musicalidad propia a su composición. Sin embargo, a pesar de ser un poema con una fuerte carga musical, pasaron muchos años hasta que alguien se atrevió a trasladarlo al pentagrama. El honor le cupo al famoso músico cubano Francisco Repilado, más conocido como “Compay Segundo” (1907- 2003), que lo estrenó un 13 de junio de 1997 en el auditorio del Generalife de Granada como fin de fiesta de un homenaje a Federico García Lorca con “Tomatito”, “Kiko Veneno” y Raimundo Amador.

lorcaycuba_clip_image008 (1)

FINAL DE SU VIAJE A CUBA

Han pasado tres meses y unos pocos días desde que el poeta llegó a La Habana; la estancia cubana de Federico García Lorca, intensa y fecunda, está llegando a su fin. Finalmente, sacará un pasaje para el 12 de junio en el vapor correo “Manuel Arnús” de la compañía Trasantlántica, vía Nueva York-Cádiz-Barcelona. Le acompañarán en el viaje Adolfo Salazar y Luis Cardoza y Aragón. La Revista de Avance organizará en la víspera de la partida una comida en homenaje a los tres amigos: García Lorca, Salazar y Cardoza. Será en el hotel Bristol.

Se acerca el momento de la partida. Según Antonio Quevedo, Lorca y Salazar compartieron con él y su esposa, María Muñoz, la jornada final. Los cuatro se fundieron en un abrazo y Federico dijo: “… Hago falta en España” El poeta está preparando el estreno de ‘La zapatera prodigiosa’ para el mes de diciembre.

Flor Loynaz afirmó que ella había almorzado con Federico y Adolfo Salazar en el restaurante ubicado en los bajos del antiguo hotel Detroit. La sobremesa se dilató más de lo debido y los tuvo que llevar a toda prisa por las calles de La Habana en su automóvil pues perdían el barco.

Al abandonar Cuba, Federico afirmó a sus amigos: “Aquí he pasado los mejores días de mi vida”. Esa pasión por el país caribeño se la llevó en su corazón rumbo a España, con la intención de retornar en un día no muy lejano. Por desgracia, ese deseo no se pudo cumplir, lo truncó la Guerra Civil.

En una frase contundente el escritor hispano-cubano Lino Novás explicó ese sentimiento del amor de Federico por Cuba asi como el de la isla por Federico: “Cada cubano tiene su Lorca”. Por eso no es de extrañar que el poeta granadino sea hoy en día el autor no cubano más difundido en la isla y el recuerdo de su intensa estancia en la mayor de las Antillas.

Como dijera el poeta: “Cuba es un paraíso. Si me pierdo, que me busquen en Cuba o Andalucía…”.

Agencies/ SFNG/ Luís Morillo Vilches/ Various/ Internet Photos/ Extractos/ Excerpts/ Arnoldo Varona/ www.TheCubanHistory.com
THE CUBAN HISTORY, HOLLYWOOD.

Romantic park in Havana with a view of the castle of El Morro

logo-4 (1)

cuba-banner (1)

TheCubanHistory.com Comments

comments